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Tuve el honor de ser el corresponsal de Ajedrez en México (AeM) durante el match por el campeonato mundial de ajedrez entre Anand y Krámnik en Bonn. De las once partidas que duró el enfrentamiento, varias quedaron fuera del campo de acción de AeM. Los motivos fueron varios. Primero, porque no creí tener tiempo libre para cubrir el evento (partidas 1 y 2). Luego, por falta de acreditación, aunque la expedita intervención de Hugo Alberto Aranda lo solucionó todo (partida 3). Finalmente, se cruzó un inaplazable viaje de estudios a Berlín (partidas 7 y 8). Bien que mal, entonces, AeM presentó crónicas y fotografías exclusivas de las partidas 4, 5, 6, 9 y 10.
¿Y la partida 11? ¿Dónde quedó la onceava, la última del match? No está entre las omitidas, pero tampoco figura entre las cubiertas por AeM. El motivo de su omisión es tan simple como vergonzoso: creí haber perdido el archivo que contenía toda la información necesaria. No lo encontraba por ningún lado.
Hasta que hace unos días lo encontré inopinadamente. Tal hallazgo, que usualmente podría considerarse afortunado, en realidad se me atragantó en la conciencia debido a su extemporaneidad. Primero consideré, lisa y llanamente, ignorarlo. Pero me dio lástima el trabajo invertido. Después de todo, la crónica ya estaba escrita, las fotos ya habían sido seleccionadas. Luego pensé en publicar la crónica en mi blog, pero muy pronto tuve que admitir que si tuve acceso al evento fue como corresponsal de AeM, no como el simple particular que soy. Así las cosas, no me queda sino publicar en AeM una crónica que debió haber aparecido en esta página electrónica hace meses, no sin antes ofrecer una apenada y contrita disculpa a Hugo Alberto, al ingeniero Armando Acevedo y al puñado de despistados lectores que han tenido el estómago para soplarse mis textos.
Vamos pues.
Anand es el nuevo y viejo campeón mundial de ajedrez.
El gran maestro internacional indio Viswanathan Anand retuvo el título mundial hoy al empatar sobradamente la onceava partida de su match contra el aspirante y excampeón mundial, el ruso Vladímir Krámnik.
Anand obtuvo con estas tablas el medio punto que le faltaba para completar los seis y medio requeridos para proclamarse triunfador y clausuró de esta manera un campeonato mundial que empezaba a complicársele un poco más de lo esperado, sobre todo luego de su amplísimo dominio en la primera mitad del mismo. Porque si Anand, luego de haber ganado la sexta partida y haber estado a punto de hacerlo en la séptima, se vio contra las cuerdas por primera vez en la octava partida.
Pero el momento culminante vino en la novena, cuando Krámnik, con negras, estuvo a punto de lograr lo que o bien nunca había logrado (derrotar a Anand con esas figuras) o que no lograba desde hacía más de dos años: ganar con negras, sin importar a quién. Sin embargo, Krámnik no halló la continuación ganadora y tras esas tablas el tanteador marcó 6-3 para Anand.
Tras la novena partida, tal vez la más emocionante del campeonato, era claro que el campeón mundial había perdido la iniciativa en el match. A pesar de ello, la ventaja obtenida en las seis primeras partidas, tres puntos de ventaja, le dio el margen suficiente para encajar a pie firme la derrota en la décima partida. El gran maestro indio había desperdiciado la oportunidad para coronarse, pero le quedaban otras dos, al siguiente de ellas conduciendo las peizas blancas.
Precisamente con estas figuras sorprendió Anand a su rival desde el primer movimiento: 1.e4. Krámnik observó la jugada, la anotó, acomodó sus piezas cuidadosamente y ahora sí, a pensar. Y vaya si lo hizo. Con los brazos bajo la mensa, acodados sobre sus muslos y con el cuerpo reclinado sobre el tablero, Krámnik clavó la mirada en el tablero. Luego elevó la mirada para echar una ojeada a la proyección mural para los espectadores, como queriendo comprobar que Anand de veras tiró e2-e4. Inmediatamente después, se inclinó sobre el tablero, elevó la mano derecha y tras una brevísima vacilación, seguramente entre los peones “e” y “c”, se decidió por el último: 1...c5. Defensa siciliana, apertura que hacía mucho Krámnik no elegía, o no se había visto obligado a desempolvar.
Sin embargo, la siciliana de Krámnik era algo tan esperado que no provocó el rumor contenido o el estremecimiento en la masa de periodistas que presenció el 1...c5 de Krámnik. Resultaba elemental que Krámnik no jugaría ni la defensa rusa ni la defensa berlinesa de la apertura española. Krámnik se enfrentaba a las angosturas de s propio repertorio negro, diseñado mucho más para aguantar e igualar que para arrebatar la iniciativa al blanco y jugar a ganar. Tampoco esperábamos la variante Svéshnikov de la siciliana, que tantos puntos le dio al joven Krámnik, pues seguramente Anand habría estudiado a fondo esta posibilidad. Además, en esta variante hay líneas en las que un huracán de cambios barre el material del tablero y, junto con él, las posibilidades de ambos bandos de jugar a ganar.
Este fue otro de los problemas que Anand planteó indirectamente a su rival. Al elegir la jugada 6.Ag5, Anand, en efecto, se inclinó por una combinación combativa...en la que también las blancas pueden forzar cambios masivos de material. Krámnik se vio obligado a elegir una línea secundaria, con el objetivo de sorprender al campeón mundial pero, sobre todo, de soplar vida a los todavía crepitantes rescoldos de sus posibilidades ene ste match.
Pero la maniobra 7...Dc7-9...Dc5 sólo logró encender los ánimos del gran maestro francés de origen ruso Anatoli Vaiser, que, emocionado, buscaba ¡y a veces encontraba! en su computadora portátil maneras increíbles de complicar el juego y llevarlo a posiciones agudas con chances para ambos bandos. “Pero con eso basta, eso es lo que necesita Vladímir”, decía el entusiasmado francés. Nadie creía en realidad que Krámnik pudiera ganar la posición sobre el tablero – o que Anand fuera a perderla –, pero era tal el entussiasmo y fuerza persuasiva que emanaban del emocionado gran maestro, que los periodistas rusos, casi sin querer, se veían atraídos al sitio que ocupaba Váiser para observar, discutir, criticar y mejorar animadamente las variantes que el gran maestro hacía aparecer y desaparecer en su Rybka. Los rostros de los corresponsales rusos, todos ellos buenos ajedrecistas, reflejaban únicamente un estado de ánimo acorde con lo que sucedía no en el tablero electrónico de Váiser sino en el de madera entre Anand y Krámnik cuando se alejaban unos pasos del corro formado en torno a Váiser.
Los periodistas indios sonreían ssólo cuando lanzaban miradas rápidas al monitor que indica la posición en el tablero y los tiempos transcurridos. Escribían sin cesar en sus lap tops. Por la diferencia de horarios, las redacciones de sus diarios esperaban noticias antes del cierre de la edición. En efecto, tenían que apurarse a redactar el marco para la gran noticia que esperaban de momento a momento: las tablas que confirmarían a Anand campeón mundial.
Las esperanzas en una victoria de Krámnik abandonaron incluso a Váiser en cuanto el retador ruso permitió con su jugada 17...f5 la toma 18.C:d6+. El gran maestro francés, decepcionado, dejó de analizar la partida para poderse dedicar mejor al “qué hubiera pasado si...”. Y con total entrega y entusiasmo analizaba las posiciones que surgían de la jugada 17...Ad6. “Con eso hubiera bastado, eso es lo que necesitaba Vladímir”, afirmaba ahora.
Las tablas, curiosamente, llegaron de manera inesperada a pesar de que todo mundo contaba con ellas. Ni un sólo corresponsal logró fotografiar el apretón de manos que confirmó a Anand como campeón mundial. Tampoco nadie logró fotografiar cómo Krámnik estrecha cálidamente con ambas manos la de Anand, en un gesto deportivo que admite la superioridad del rival.
Esta vez, la última, hubo una ceremonia previa a la conferencia de prensa. La ceremonia de premiación. Los jugadores desaparecieron cada uno hacia su cuarto de descanso y los organizadores y jueves prepararon todo lo necesarios en un ir y venir que parecía desordenado sólo en una primera impresión. Tras unos instantes, todo estuvo listo y entonces Krámnik pudo salir de nuevo al escenario a recibir su trofeo de segundo lugar. Así lo hizo el gran maestro ruso, a paso veloz y entre aplausos. Aceptó el trofeo, estrechó manos y, micrófono en mano, agradeció brevemente el apoyo de sus seguidores y elogió la organización del match.
Lo mismo se repitió con Anand, pero el trofeo que recibió era mayor y más importante, como la ovación que lo envolvió en cuanto puso un pie en el escenario. El campeón mundial, sonriente, estrechaba manos y escuchaba felicitaciones con el gesto de quien disfruta intensamente el momento pero que, paradójicamente, ya quisiera dejar atrás.
Krámnik, discreto, había dado dos pasos hacia atrás y quedó parcialmente oculto tras las espaldas de los numerosos organizadores y sus representantes, jueces y demás. Miró hacia arriba, como preguntándose cuántos focos intervendrían en la iluminación del escenario, luego volteó hacia el tablero y dando medio paso hacia adelante acomodó ligeramente una pieza fuera de su casilla. No sabía bien a bien qué hacer.
Tras escuchar el himno nacional indio y los tres discursos obligatorios – del organizador, Josef Resch; del representante del museo sede, Stephan Andreae; del representante y presidente honorario de la Fide, Florencio Campomanes y del presidente de la federación alemana de ajedrez, Robert von Weizsaecker – todos los presentes se encaminaron a la sala de conferencias para escuchar la útlima rueda de prensa del campeonato mundial.
Ya desde antes se había visto rondar la entrada de la sala de juego al gran maestro danés Peter Heine Nielsen, incapaz de pasar inadvertido por su estatura y por cierta expresión de rostro muy suya. Y en efecto, en la sala de prensa apareció el equipo de analistas de Viswanathan Anand, sentado junto a Aruna Anand, su esposa y representante: Nielsen, el gran maestro polaco Radoslaw Wojtaszek – quien llamó la atención de Anand cuando el gran maestro indio se preparaba para jugar contra él en la Bundesliga alemana y se dio cuenta, al revisar sus partidas, de que su rival tenía muchas ideas nuevas –, el gran maestro uzbeko radicado en Alemania Rustam Kasimzhanov – “colega” de Anand como campeón mundial Fide en la modalidad del nocaut – y el campeón indio, el gran maestro Surya Shekhar Ganguly. Quienes no aparecieron nunca fueron los analistas del aspirante derrotado, el ruso Serguéi Rublevski, el húngaro Peter Leko y el francés Fressinet, todos también grandes maestros.
La conferencia de prensa transcurrió bajo el signo de las felicitaciones para el flamante campeón mundial – quien sonrió de manera franca y alegre más veces que en todas las demás presenciadas por AeM tomadas juntas – y, una vez más, del desenfado del pretendiente. Más allá de las preguntas sobre cuestiones técnicas referentes a la última partida, el papel jugado por los equipos de analistas y planes para festejar, nos detendremos en dos preguntas.
La primera fue la planteada por AeM:
– Una pregunta para Vladímir Krámnik. Usted acaba de decir que le gustaría luchar una vez más por el campeonato del mundo. ¿Cómo piensa hacerlo? ¿cuál es su siguiente paso en el ciclo?
– No, bueno; no me refería a nada muy concreto. Básicamente mi plan es ahora descansar un poco y simplemente mejorar mi ajedrez. Si esto me da la oportunidad de luchar nuevamente por el campeonato mundial, lo haré; si no, no. Ahora disfrutaré básciamente del ajedrez, o sea, ya no tengo que luchar, ya no estoy bajo esta presión... últimamente he pasado un periodo muy complicado; me refiero a que disputé muchos matches: contra Topalov, contra la computadora, luego México, ahora éste. Ha sido una época muy dura para mí estos últimos dos o tres años. Pero ahora que no tendré tanta presión, por lo menos por lo queda del año y el próximo, podré descansar, mejorar mi ajedrez – En este momento una idea le cruza la mente y una sonrisa ligeramente astuta le jueguetea en los labios mientras dice la siguiente frase –, podré disfrutar finalmente un poco la vida y bueno, ya veremos. Cuando lleguemos a eso stoy seguro de ello: si juego bien tendré la oportunidad de luchar por el campeonato del mundo. Intentaré hacerlo, pero por el momento no tengo ninguna idea concreta en mente.
La segunda fue, más que una pregunta, un reconocimiento a la amabilidad y desenfado de Krámnik, que fueron tal vez el único elemento alegre en cada una de las conferencias de prensa, o al menos en las seis en las que estuvo presente AeM. A la pregunta de cómo logró presentarse de buen talante a las conferencias de prensa en un match tan difícil, Krámnik respondió:
– Somos profesionales y... sabe, generalmente no te sientes bien después de perder una partida, pero no es culpa de los periodistas ni de la gente alrededor. No tienes por qué tomarlo como si así fuera ni estar enojado. Después de todo, si pierdo una partida habrá sido culpa mía, pero creo que debes actuar profesionalmente. Además tampoco debemos olvidar que se trata de un juego. Un juego bonito, hay mucho en la balanza: el título de campeón del mundo, dinero y todo lo que se quiera agregar pero es simplemente un juego. Digo que no haya razón para deprimirse. Yo lo tomo así: si pierdes, bien; todos perdemos partidas, sobre todo si te enfrentas a un oponente como Vishy por supuesto que puedes perder. Lo vi así antes del match: puedo ganar, puedo perder. O sea, era una posibilidad, así que... además soy simplemente un deportista, intento dar lo mejor de mi. Me gusta mucho esto, y ... (la mirada de Krámnik se tornó tímida durante un instante, como si esta revelación de sus pensamientos íntimos pudiera colocarle en posición vulnerable) ...de hecho es algo así como mi lema en la vida: eres responsable por la calidad de tu trabajo pero no eres responsable por los resultados. Así que yo solamente estoy intentando dar lo mejor de mi, y cuando esto no funciona, como en este caso, bien, no funcionó; qué puedo hacer. No fue mi match, fue... Vishy fue mejor esta vez, está bien; así pasa; es un gran jugador. Pero no veo motivos para gritar a todo mundo por esto. (Krámnik sonríe y baja la mirada)
Si parafraseáramos la frase inicial de Tolstoi en Anna Karenina (Todas las familias felices son iguales, cada familia infeliz es infeliz a su manera), podríamos encontrar que, en esta conferencia de prensa, Anand era dichoso como todo campeón mundial de ajedrez lo ha sido en el momento del triunfo. Krámnik, en cambio, deslizó en su última respuesta, inconscientemente tal vez, la defensa no nada más de su manera de ver su vida de ajedrecista profesional, sino de su actitud ante la vida misma. Una nota personal para cerrar el campeonato mundial de ajedrez Bonn 2008.
El rey no ha muerto
Que viva el rey