Ajo-640 Bobby Fischer, la Leyenda

Ajolotl No. 640
AJO-640
Fecha: jueves 23 de julio de 2009

Hace unos días compré de Roberto González, de nuestro club, un libro que como pocos me ha fascinado y que sigue leyendo, casi diría yo “deletreando” porque me ha revivido mis memorias en torno al hombre cuya vida he seguido siempre hasta su último momento.

El subtítulo es “Vida y Partidas del mayor genio del Ajedrez”. El frontispicio de la obra luce también en la portada de este “Ajolotl”, que hoy, 23 de julio de 2009, llega a su número conmemorativo “640”.


El Ajolotl

¡Diez veces sesenta y cuatro! Incluimos en este boletín el número 1, que salió el 15 de diciembre de 1994. En 5 meses cumpliremos 15  años. No conozco otra revista o publicación mexicana que ha aguantado tanto. Espero que siga, vivo y coleante, el bicho mexicano mágico, que según leímos pertene3ce a las especies en peligro de extinción. Si esto ocurriese sería una de las tragedias nacionales más grandes de todos los tiempos porque entre tantas características únicas es su disposición de reproducirse de edad muy joven, es decir, en la fase larvaria, que es, dentro de la metamorfosis, el período entre la salida del huevo, o sea la eclosión y la fase adulta, cuando adquiere, entra otras cosas, sus patas. Es, por lo tanto, un símbolo de energía. Lo hemos escogido como símbolo del ajedrez nacional, o al menos de nuestro club Mercenarios, porque a pesar de su aparente nimiedad es único, está lleno de energía y es “¡puritito mexicano!” y por eso, es grandioso.

Ajolote, Axolote o Axolotl aparece en el diccionario Larousse como un vertebrado anfibio urodelo de los lagos mexicanos y norteamericanos, capaz de reproducirse aún en estado larvario. Urodelo significa: relativo a una subclase de anfibios, que tienen la piel ceñida al cuerpo y conservan la cola después de su metamorfosis, como la salamandra o el tritón. El nombre viene del nahuatl “axolotl”, que más o menos significa “pequeño monstruo del agua”. 

Según Martín Alonso, los “urodelos” (del griego: ourá: cola, (relacionado con ouron: orina) y “deelos”: visible, manifiesto): orden de anfibios que comprende todos aquellos que tienen el cuerpo anguiliforme y desnudo, pies sin escamas y verrugosa, miembros cortos y cola larga.

En México es comestible y su carne es muy apreciada. Como dice el Diccionario Anaya de la Lengua: “El ajolote puede vivir como larva indefinidamente, aunque ello no le impide reproducirse”

Finalmente, y lo que ya saben todos los Mercenarios, pero no todos los lingüistas, el nombre de nuestro boletín es la forma híbrida entre el “axolotl” nahuatl y el “ajolote” castellano, porque ajedrez comienza con “aj” y la terminación “tl” es azteca por excelencia y constituye una combinación de sonido, única en todo el mundo.

 

Bobby Fischer

El libro está escrito por tres argentinos, un periodista Fernando Braga, y dos maestros internacionales Carlos Ilardo y Claudio Minzer y es una proeza de trato ajedrecístico de alto nivel y un periodismo esclarecedor. Por fin hay datos específicos de su padres biológico: Paul Félix Nemenyi, de nacionalidad húngara, de religión judía, en tanto que Hans Gerhardt Fischer, fue un físico alemán, agente de la KGB, o sea el servicio de inteligencia soviético, quien en 1933 se casó con una enfermera suiza, también de religión judía, Regina Wender, de 20 años. Hans Gerhardt Fischer había viajado a España para luchar contra las tropas franquistas durante la Guerra Civil Española. En 1938 pudo retornar a Moscú donde le esperaba Regina. Del amor del reencuentro nació Joana, la hermana mayor de Bobby, quien iba a nacer después, en otras condiciones. Los tres, es decir, Hans Gerhardt, Rgina y la pequeña Joana, marcharon a Francia, pero el avance de las tropas alemanas les obligó a forjar un delicado plan de escape hacia los Estados Unidos. El Departamento de Inmigración Norteamericano sólo autorizó el ingreso de la mamá y de su pequeña hija Joana porque sospechaban de Hans por sus actividades de espionaje a favor de las Unión Soviética. Le negaron su entrada. Así, Hans Fischer no pudo llegar a Estados Unidos pero lograr llegar a Argentina y más tarde se estableció en Chile.

En los Estados Unidos, Regina Wender de Fischer, como era su nombre y apellido a la usanza española, era celosamente controlada por los agentes del “Federal Bureau of Investigation” o sea el FBI. Las sospechas de su colaboracionismo se hicieron más evidentes cuando a partir de 1943 se vinculó sentimentalmente con uno del los científicos del Proyecto Manhattan, el húngaro Paul Nemenyi, quien participó en la construcción, en los EE.UU., de la bomba atómica, de la cual dos ejemplares fueron arrojados por orden del presidente Harry Truman, sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, respectivamente el 6 y 9 de agosto de 1945. Regina se separó geográficamente de Paul y se refugio en Chicago (Illinois) donde, el día 9 de marzo de 1943, en el hospital Michael Reese, dio a luz a su hijo varón, producto de sus relaciones con Paul; llamó al niño Robert James pero éste fue inscrito con el apellido de su  esposo de linaje alemán, Fischer. Dice el libro: Hans Gerhardt nunca asistió al parto ni al convite.

Son puros datos que sólo se sabían parcialmente al tener lugar el Campeonato Mundial de Reykiavik, en 1972. La madre, Regina Wender, pidió el divorcio de Hans Gerhardt por falta de apoyo. En 1949 buscaba su título de enfermera autorizada y se estableció en Nueva York viviendo en condiciones económicamente difíciles.

Todos sabemos de las relaciones difíciles entre la madre Regina y el hijo Bobby, sobre todo cuando Bobby comenzó a destruir – es la palabra  correcta– a sus contrincantes,  rumbo al campeonato del mundo. Había iniciado su órbita ascendente, vertiginosa. En septiembre de 1972, su Ajolotero, después de ganar el Campeonato Nacional de la República Mexicana, en 1972, en Guadalajara, Jalisco, fue invitado por el licenciado Jacobo Zabludovski para presentar comentarios sobre el “Match del Siglo”, durante casi dos meses, en el programa de televisión “24 Horas”.  Me hice famoso. No lo escribo con algo que podría ser vanidad, pero esta cualidad desconozco. Es más bien una observación con un toque de dato curioso. Aproveché esa época para estudiar el comportamiento de la gente frente a un hombre célebre. La televisión es el mejor medio de publicidad que existe. 

Lo que me interesaba sobre todo en esa época era la figura de Fischer. Leía todo lo que se publicaba del genio. Por télex llegaban las últimas noticias de Reykiavik, con los incidentes curiosos, que todos podemos leer en los muchísimos libros que se han escrito sobre el match. Fue un fenómeno mundial. Jamás el ajedrez había estado en el centro de la atención mundial deportivo. En cierto momento fue imposible comprar un tablero y piezas de ajedrez en las tiendas.  Parece increíble este dato, pero así fue.

Me dediqué a hacer una clase de estudio psicoanalítico del hombre. Es un rasgo judío, esforzarse en un máximo para lograr algún objetivo; pero después el triunfador simplemente no es capaz de compartir ni siquiera una porción de lo que ha cosechado.

Cuando terminó el encuentro contra Boris Spassky, escribí que, a mi juicio, había un 80% de posibilidad de que Fischer jamás iba a exponer su corona. Negras palabras dignas de Casandra, la diosa griega de la Ilíada, dama dedicada a predecir el futuro. La historia me ha dado la razón.

El libro es fascinante.  Está lleno de anécdotas. Bobby estaba enfrentándose a los mejores del mundo. En el libro, casi todos sus oponentes han dado sus opiniones acerca del genio de Brooklyn, prácticamente todas, sin excepción, en términos de máximo elogio. El amigo Guil Russek es uno de los pocos ajedrecistas que conozco, quien se expresa en términos negativos sobre Bobby Fischer, a causa de la actitud antisemita muy hiriente, un complejo que luego se iba desarrollando en este hombre, inocente en muchos aspectos. Pero también se  sabe que ha sido víctima de comerciantes norteamericanos voraces.  Por encima se ganó la enemistad del gobierno norteamericano por jugar una clase de reencuentro con Boris Spassky, en Yugoslavia, un país con quien, siendo estadounidense, uno no podía hacer comercio.  

Pero si proyectamos a Bobby como alguien quien desde su juventud nunca había conocido la guía de un padre o la ternura de una madre, entonces prevalece, al menos en mí, un sentimiento de compasión, por encima de las manifestaciones de neurosis persecutoria que se acentuaban más y más en los años posteriores, hasta su último día, el 17 de enero de 2008, cuando fallece. Por metástasis de cáncer hepático, tras recibir dosis letales de un alcaloide morfínico contra los dolores, fallece justamente a los 64 años, en la calle Klappastigur 7, en la ciudad de Reykiavik, el campeón del mundo más idolatrado y a la vez más controvertido: Robert James Fischer.

El libro es grandioso: menciona opiniones, presenta análisis perfeccionados gracias a la computadora, ofrece partidas comparativas, hay una sección de fotos, (yo no conocía la foto de la portada: un hombre solitario, envuelto en una manta, a bordo de un barco, para protegerse del frío…), luego reproduce 32 combinaciones de Fischer, todas de una belleza ajedrecística singular. En fin, en todos estos días, leo y sigo leyendo y repasando sus juegos. Es mi deleite del momento. “Bobby Fischer, la leyenda” ha sido escrito con gran esmero. Casi no encuentro fallas. Jan Timman lleva el nombre de Jaan, pero éste corresponde al lituano Elvest y no a Jan, en tanto que otro holandés es mencionado como Berendrecht, que debe ser Barendrecht. No importa. Para mí el libro es, en una palabra, perfecto.

En la sección de: “El profiterol del Ajolotl” # 640 transcribo la inolvidable victoria de Fischer sobre Armando Acevedo quien aguantó muchas jugadas, pero al final sucumbió ante una combinación originalísima. A cinco metros de distancia, el otro genio norteamericano Samuel Reshevsky - el eterno rival de Bobby en los Estados Unidos -  estaba destrozando a su Ajolotero, dentro del match Estados Unidos – México, en la Olimpíada de Siegen, en 1970.

Puros recuerdos que jamás olvidaré. En un próximo boletín escribiré más sobre el libro y sobre Fischer, porque el tema es inagotable.