Ajo-642 “How complicated can you get!”

Ajolotl No. 642
AJO-642
Fecha: jueves 6 de agosto de 2009

Más adelante, en este artículo, haré referencia a la frase anterior y explicaré el motivo de dicha exclamación. Es toda una historia y espero que no me dé flojera de ofrecer las elucidaciones pertinentes. Pero bueno, cualquier artículo debe tener un encabezado y justamente este título, y no importa que esté en inglés - no es que se me pareció el más adecuado ya que cualquier encabezado valdría – ni siquiera lo he pensado y más bien se me ocurrió en este mismo instante, genera en mí ciertos recuerdos agradables y amenos de los cuales quiero hacer partícipe al lector.

Parece  que estoy divagando un poquitín, y tal vez usted, al leer estas oraciones, que parecen estar pronunciadas por alquier “lost in space” o sea “perdido en el espacio”, tiene razón para exclamar: ¡Pero de qué se trata! ¿Ha perdido sus cabales el honorable Ajolotero al tratar de escribir un ensayo o al menos un pensamiento relacionado con el noble juego de ajedrez?  A todas luces ¡el hombre se está perdiendo en el laberinto de sus insensatas divagaciones!

No está usted equivocado, caro socio del club Mercenarios. Nuestro juego ciencia merece todo el respeto, toda la seriedad imaginable, y de repente se nos aparece en el editorial de este boletín ese errante y errático holandés/mexicano diciendo toda clase de dislates sin ton ni son, como cualquier sopita china de won ton, dislates seguramente comprados de a peso en alguna dislatería de la esquina… ¡Ahora sí, se está volviendo turulato, ese cuate… Hasta está usando palabras inexistentes. ¿Qué es una dislatería?  ¿Es una taquería, una sandwichería o una tlapalería? ¡Por Dios! ¿El siguiente paso es el manicomio. No, no, un manicomio no es un lugar donde uno haya comido maní, que es el término cubano del mexicano “cacahuate”;  una dislatería no es más que un relleno sanitario de fracasos mentales humanos - más bien en tal sentido sería un relleno “insanitario”, pensando en la palabra inglesa de “insane” que precisamente significa “loco”.

¿Cómo puede usted seguir leyendo. Esto no es prosa de un casi nonagenario respetable. ¿Por qué no tira el boletín a la basura? En la cocina del club hay una gran cubeta de desechos, donde guardamos envolturas de hamburguesas de la semana pasada, tal vez procedentes del “Oxxo” de al lado o servilletas de segunda mano, papel celofán, botellas de plástico y una que otra pieza de ajedrez comida.

Pero no. Conociendo a los socios de nuestro club, estoy seguro de que los lectores quieren seguir leyendo para analizar el texto más a fondo. Así somos. Somos escudriñadores de nacimiento. ¿Adónde va el autor con sus sobrantitos dejados en la mesa de operaciones salpicados con cerebros en semi-fuga. ¡Dios mío, este texto es insoportable!

Bueno, después de esta introducción, totalmente adversa a lo que es digerible, seguimos disertando sobre cosas, casos y quesos. ¡Ah, ya le entró un toque de poesía francesa, según el “Olipú”, una corriente lingüística inventada por dadaístas como Marcel Deschamps, André Bresson y otros surrealistas galos.

Pero qué bueno que el fin del mundo se acerca.

Un poco de silencio y después de un breve intermedio, reanudamos nuestro cuento. Respiren profundo y, al cabo de diez minutos, sálganse del agua.

El objeto de este artículo es presentar una partida, recién jugada en la ciudad suiza de Biel. Este es el nombre en alemán de un antiguo pueblo al noreste de Basilea cuya población ni siquiera llega a cien mil habitantes. Un lugar ideal para un torneo de ajedrez. Un centro de treinta tienditas, dos iglesias, ocho bancos  - eso sí, estando en Suiza -, un parque y un asilo para bisabuelos. La versión del nombre en francés es Bienne. Muy bien.

Ahora les explico el título de este artículo. Ya dije, me da algo de flojera pero si no lo hago, todo queda entre los intangibles tentáculos de tenebrosas tinieblas y no llegamos a nada. La expresión titular se puede traducir más o menos con: “¡Qué tan complicado uno puede volverse!”

Seguiré desenmarañando el enigma. Ya dije que mis recuerdos son de los más dulces. Hace buen tiempo, el grandioso humorista musical danés (aplausos a Jesper Norgaard y Jorn Sorensen), llamado Victor Borge (falleció pacíficamente en su sueño, a los 91 años,  en el año 2000), tocó en su piano una fuga de Bach, repitiendo las notas del recurrente acorde como una escalerita para principiantes. Comenzando en la  parte alta del piano, lentamente sus manos se deslizaban por las teclas, yendo hacia abajo y repitiendo en sentido descendente el mismo sonsonete (ah ¡qué palabra más carente de veneración ante el más famoso de todos los compositores, de todos los lugares y de todos los tiempos!) para finalmente llegar a la parte “grave”. Al momento de ya no poder ir más <!--[if !supportAnnotations]-->[WdW1]<!--[endif]--> abajo y de haber concluido aparentemente su progresión de notas que de los más elevados cielos se fueron a pique para enterrarse en el humus más oscuro, se le ocurrió re-tocar las notas más agudas, para re-producir el “mismo cuentecillo musical” sin fin. Luego, el gran danés se dirigió al publico con cara de profunda repulsión, exclamando : “How dumb can you get!” o sea “¡Qué tan simple puede uno volverse!” provocando el estallido en carcajadas de toda la sala. La frase “¡Qué tan simple puede uno volverse!” se quedó para la posteridad.

Aludiendo pues a lo dicho por Victor Borge, repito aquí, como encabezado, su frase, pero en sentido opuesto, esta vez con clara alusión a una partida de ajedrez, cuyos protagonistas fueron el ruso Alexander  Morozevich, nuevo rating, es decir, después del torneo de Biel, de  2745 y Maxime Vacier-Lagrave, nuevo rating de 2790 y feliz ganador, invicto, del evento. La partida se jugó el pasado 25 de julio.

La partida se desarrolló en la antepenúltima ronda. Fue una Siciliana, variante Najdorf, clave B90. Esta apertura sigue siendo una de las defensas más populares de ayer, hoy y mañana. Los resultados son a veces a favor de las blancas, a veces a favor de las negras, y las tablas se alcanzan, generalmente, tras  una pelea de perros callejeros. Ajedrez en su máxima expresión, casi diría en su “Maxime Vachier-Lagrave”.

Una de las posiciones más enigmáticas surge después de la jugada 23 de las negras:  23 … Ac5. Reproducimos aquí el diagrama. Trate usted de analizar un poco, o un mucho, las opciones. Y luego conecte el programa Rybka, como debe de ser. Y después trate de llegar a conclusiones.

Aquí solamente unos apuntes. Después de 23 … Ac5 las blancas no pueden comer en alfil, con la esperanza de matar con la torre en d8 cuando las negras toman la dama con su caballo, pero ¡no, no, no! Hay una intermedia a favor de las negras con 24 … Da2+ y se invierte el panorama. Ganan las negras y las blancas lovieron y por lo tanto no hicieron 24 Dxc5.

De todas maneras está mejor el blanco, pero Morozevich se pierde en el laberinto. Las blancas pueden ganar con 24 Ae6+!!! ¿Qué les parece?


Podría seguir 24 … Dxe6 25 Dxc5 Ab7 26 Ce7+ (25 … Cxc5? 26 Td8#).

Hay opciones en cada jugada.

En la jugada 25 … Ab7 26 Ce7+ como señalamos arriba, siempre hay un poco de ventaja para el blanco o también puede jugarse:

25 … Dxg6 26 Txd7 Rh7 27 Cxe5 Dg3 28 Te7

o bien 25 … Th7 26 Td6 … y “a ver qué pasa…”

Todo esto señalamos para subrayar lo increíblemente complicada que fue la posición y en contra de todas las expectaciones y teniendo las negras su “torre dama encerradísima”, el francés se defendió como gato, en cualquier posición de su boca, para salir triunfante y luego, ganar el torneo.

“¡Qué tan complicado puede uno volverse!”

Una última observación.

Ya casi no se ven partidas analizadas en revistas o periódicos. Con el programa Rybka, cualquier novato puede convertirse en Gran Maestro, en un mínimo de tiempo. La computadora ha sustituido a los grandes analizadores. Si este fenómeno es bueno o malo, no lo sé. Simplemente es un hecho.

Un dato estadístico. Resulta que de las 30 partidas jugadas en Biel, 20 finalizaron en tablas, 10 terminaron en una decisión; 6 con una victoria para el blanco y cuatro con una victoria para el negro.

Lo que todos sabemos es que el ajedrez se está convirtiendo en una competencia: de quién analiza más y no de quién analiza mejor…

¿Cómo será el ajedrez en veinte años? Fischer ya lo presintió con su Fischerandom…

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