Rey-631 La "A"

Al principio era la letra. No es mucho en comparación con una oración entera, pero así se comienza. Lo bonito, puede decirse, es que no estaba sola. Otras veinticuatro compañeras le alegraban la vida y sintiéndose líder, formo la liga alfabética. La unión hace la fuerza y su gran plan fue convertirse en la letra más poderosa.

 

Nuestro protagonista, la “A”, nació humilde, como tantas veces ocurre. Su origen fue en el ajedrez, en la casilla a1.En 8 meses había llegado a la casilla a8 y se había coronado. Insatisfecho con lo alcanzado buscó el poder de todas las letras.
 
Sabía que una letra no es más que una parte minúscula de una lengua.
Existen actualmente cinco mil novecientas lenguas, algunas escritas en letras griegas, cirílicas o hebreas y otras en pictogramas, como el mandarín. Se sabe que están a punto de morir dos mil de ellas… “Así que vamos por buen camino”, vociferó la “A”. “No necesitamos más”. Quedando una, dos o tres lenguas, tendremos un control total, enfatizó “A” en su primera Magna Asamblea de Accionistas.
 
Quedaron plagadas las paredes del salón con sus efigies. Podía admirarse a la “A” en diferentes poses y expresiones que recordaban a Benito Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial. Su rostro estaba enmarcado por dos diagonales, unidas por una sólida barra horizontal. Llevaba los brazos cruzados, como el Duce italiano. Nadie dudaba de su victoria en las elecciones.
 
Frases de propaganda como: “Fuera la Pobreza”: la ”A” es “Abundancia” o ”La “A” para un Alfabeto próspero y feliz” y luego “Asta me compré una camisa me sentí feliz”, porque su inteligencia era deplorable, (“Asta hasquerosa”).
 
Ganó las elecciones por un margen abrumador. Su primera medida fue nacionalizar todas las palabras productivas, como “fábrica”, “laboratorio”, “máquina”, “computadora”, cambiando sus nombres en “fábraca”, “labarataria”, “mácana” y “campatadara”. La letra “i” servía todavía como una clase de comodín, pero ya no por mucho tiempo. 
 
La “A” se había impuesto “a rajatabla”. No tardaba mucho en encarcelar a las letras disidentes. Primero las vocales. En la “Cársal llamada Santa Marta Acatatla” fueron recluidas las ees. Decía “A” que con una sola vocal, justamente la de su nombre – ¡Ah, qué coincidencia! - todo el pueblo tendría suficiente alimento para sobrevivir. En el Reclusorio Norte se encarcelaron las oes. En el Reclusorio Sur las ues. Las ies fueron desprovistas de sus tildes; parecían seres rapadas y no podían trabajar en puestos públicos. Terminaron en los húmedos calabozos de Almoyola. Ni siquiera dio instrucciones para cambiar el nombre del centro en “Ilmilíya”. ¿Para qué?
 
Con torturas y matanzas, ya no quedó mucho de la oposición. “A” no tenía empacho en decir que la letra, SU LETRA, con sangre entra. El portón de entrada de un campo de concentración que antes se llamaba “Auswitsch”, ahora, hispanizada, rezaba: “Azabacha”. Ahí podía leerse el sutil aforismo de “Arbeit macht frei” o sea “El trabajo libera”. Fue traducido por el triunfal texto de “La trabaja labara” porque también el artículo “el” había sido cambiado en “la”. De que esto provocó una confusión de géneros fue lo de menos.
 
Al cabo de unos cuantos meses ya no había comida, y las letras, comenzando con las vocales, sucumbieron unas tras otras por hambre y sed. Surgieron enfermedades como la ascarbata, la anaraxia, la balamia y la diabatas mallatas. Las ies no podían llevar sus puntitos o caireles, y murieron por gases letales.
 
El reino de “A” duró cien días. De repente todos se dieron cuenta de que con una sola vocal, nadie entendía a nadie. Si la única vocal iba ser la A, ¿cómo que no iba a entrar el caos? Por ejemplo: la “parra”: ¿Qué es? ¿Es el árbol cuya hoja sirve para cubrir las genitales – ¡pero, qué noble misión! coño -, o es el animal doméstico que ladra? ¿Quién podía desenmarañar palabras como “adantálaga” que se suponía que era un dentista o “Dan Cajata da la Mancha”, el libro más famoso de las letras hispanas, escrito por un tal “Sarvantas da Saavadra”. ¿“La Famalia Barrán”, es la historieta más popular de este país?
 
Se presentó un despapaye generalizado, para no usar el término prohibido: “Daspapaya”. Cualquier crítica al régimen fue duramente castigada. Ni siquiera se podía usar la palabreja para identificar a los congestionamientos típicos del tráfico en el Distrito Federal.
 
Terminó el reinado de “A” porque él mismo se mató. Pronunció su último discurso en honor del Benemérito de la Patria. Exclamó: “Nasatras, las Astadas Anadas Majacanas” siempre “nas acardaramas da la frasa da Dan Banata J(u)araz: “La raspata a la daracha ajana as la paz”.
 
Fue la “gata” que darramá la “cabata”.
 
Su fin fue para llorar. En su voracidad de abarcar todo, un día se colocó por delante de una humilde coma. Quiso adueñarse también de la coma. Se tragó al pobre signo de puntuación y se atragantó. Murió tras un breve período de haber entrado en coma.