Hacer esto en conmemoración mía

Si no me equivoco, la frase que da título a este artículo se dice en las misas católicas, particularmente cuando se hace, a los feligreses, el sacramento de la hostia. Pues bien, siempre he pensado que esto es lo que hacemos los ajedrecistas cuando vemos alguna partida de los grandes jugadores, o cuando hacemos física siguiendo los preceptos de las leyes de Newton para la mecánica, por ejemplo.

 
De alguna manera, al usar las leyes de la física que conocemos, que fueron descubiertas muchos años antes por gente verdaderamente notable, o bien, cuando vemos las producciones geniales de Alekhine, Capablanca, Kasparov, Anand, Topalov, Kramnik y Carlsen, entre otros, estamos rindiendo de alguna manera tributo a estos grandes ajedrecistas que, de alguna manera, nos han deleitado con estupendas producciones ajedrecísticas.

Así pues, el rito del ajedrez, el de analizar una partida de un tercero, es rendirle honores de alguna manera y esto -creo yo- enriquece al propio ajedrez, pues se nutre de esto al revisar y hallar los aciertos y en ocasiones, los errores, de algunos de las mejores partidas de la historia.

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Miércoles 13 de Enero de 2010
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