¿Mejor clonados?

Por María Pérez
Cuando nació la oveja Dolly nos enteramos por los diarios de que se podía engendrar un individuo idéntico a otro a través de un procedimiento que nada tiene que ver con el método “tradicional” de reproducción animal que todos conocemos.

Según me informo por Internet, “la palabra “clon”, proveniente del término griego con el que se nombraba a los retoños, designa a un individuo genéticamente idéntico a otro, del cual proviene por reproducción asexuada o, en los seres diferenciados sexualmente, por reproducción sin fecundación. En la Naturaleza existen especies clónicas como los protozoos, organismos unicelulares que se reproducen por mitosis.”
Sigo leyendo y confirmo que para engendrar a un individuo, animal o perteneciente a la especie humana, basta solamente con uno de los sexos, precisamente el sexo femenino.
Pero ¿qué tiene que ver la clonación con los temas específicos de una revista de ajedrez?, preguntarán ustedes y yo les aclaro que antes que ajedrecista soy mujer y a menudo los hombres “machistas” suelen decir que las mujeres no servimos sino para engendrar hijos, darles de comer y crear el espacio adecuado para la constitución de una familia. También nos reconocen cualidades para hacernos cargo de las tareas domésticas y otras que ellos relegan a las mujeres, porque a ellos no les interesa realizarlas. Cuando una de nosotras se destaca en alguna actividad reservada tradicionalmente a los hombres, ellos sienten que hemos invadido su esfera de acción y se sienten molestos por la competencia que, de alguna forma, consideran desleal. En mi caso he observado que no ven con buenos ojos que juegue al ajedrez y que lo haga bien. En cambio, les parece lo más natural que yo sea modelo y que ellos puedan gozar con la vista de una bella mujer vestida total o parcialmente. Las mujeres –otro de los tabúes- han sido hechas para agradar a los hombres y hasta dicen que somos un mal necesario…
Yo me pregunto ahora, ante los adelantos de la ciencia que descubre la posibilidad de engendrar a un individuo sin intervención del hombre y frente a la certidumbre de que las mujeres podemos ejercer cualquier profesión antes reservadas exclusivamente a los hombres y jugar ajedrez como el mejor de ellos, ¿qué papel representarán en el futuro los integrantes del sexo fuerte?
En rueda de amigas, entre las participantes del Torneo Femenino de Ajedrez de Barranquilla, tratamos este tema y no las consabidas variantes de una partida, como acostumbran hacerlo los ajedrecistas varones. ¿Y saben a qué conclusiones llegamos?
Pues que el día en que se extienda la clonación como el mejor método para engendrar hijos sanos y fuertes, los hombres quedarán relegados a un segundo plano. Quizá sirvan –como muchas mujeres de hoy- de adorno o juguete preferido del sexo femenino. Y entonces las mujeres podrán vanagloriarse de tener en sus casas a un hombre lindo que nos entretiene y se ocupa de los quehaceres que a las mujeres, francamente, no nos gusta demasiado realizar.
¿Acaso, señoras amas de casa, a alguna de ustedes le gusta planchar, lavar los pañales y los platos, hacer las compras y la comida o limpiar la casa que los hombres ensucian?
En lo futuro seguiremos engendrando hijos, pero no necesitaremos ya del concurso de los hombres que, la mayor parte de las veces, no nos reconocen mérito alguno por nuestra habitual y esforzada función. ¡Seremos libres! Y quizá se diga de nosotras: ¡la mujer, como la osa, cuanto más fea más hermosa!...
Pero… ¿podremos vivir tan solas?...
 
M.P.

Cortesía de:

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