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Por AI Carlos Encinas Ferrer
En el mes de diciembre de 1959, José Bonilla, dueño de los apartamentos Pomona, en la calle del mismo nombre de la Colonia Roma, prestó uno de ellos, aún sin vender, para que sus amigos y él mismo pudieran reunirse a jugar ajedrez.
CLUB DE AJEDREZ POMONA
51° ANIVERSARIO
Por Carlos Encinas Ferrer
Arbitro Internacional
En el mes de diciembre de 1959, José Bonilla, dueño de los apartamentos Pomona, en la calle del mismo nombre de la Colonia Roma, prestó uno de ellos, aún sin vender, para que sus amigos y él mismo pudieran reunirse a jugar ajedrez. En 1960 todos los condominios fueron vendidos y allí comenzó el peregrinar del Club, peregrinar que concluyó cuando el número de socios permitió pagar la renta de un local. Debo mencionar aquí que la aparición en 1963 de El Caballo Negro, nuestro órgano informativo creado por Carlos Vázquez Escobar, que semanalmente se imprimió durante varias décadas, fue elemento de suma importancia para lograr el ambiente tan especial que siempre distinguió a nuestro Club.
Ingresé al Pomona en septiembre de 1971, tras regresar de mi Luna de Miel. Supe del club por el Ing. Manuel Guillermo Cunillé a quien había conocido unas semanas antes durante la celebración del Torneo de la Ciudad de México que tuvo lugar en el Club Argentino. El Pomona significó para mí muchas cosas, me permitió un ambiente de buen ajedrez y con posibilidades de crecer como jugador; me dio, así mismo, un grupo de amigos –todos recién casados- con los que se estableció una amistad familiar tal que hoy en día, a pesar de que todos dejamos atrás al ajedrez, seguimos siendo hermanos, compadres y tíos inseparables.
Son muchas las características que tuvo nuestro Club Pomona y que permitió que más de cien socios coincidiéramos martes y viernes en sus instalaciones durante muchos años, años en los que nuestras esposas nos pudieron acompañar ya que el Ing. Salvador Díaz, alma del Club, acondicionó una sala para que nuestras “viudas del chess” –como a ellas les gustaba llamarse- pudieran reunirse y afianzar los lazos de amistad, sala adonde llegaban a ir incluso con los bebes recién nacidos.
No voy a hablar en este escrito acerca de todo esto, ya Carlos Vázquez Escobar –biógrafo del club como ninguno- y otros antiguos socios lo han hecho, voy a tratar un aspecto del Pomona sobre el que no se ha escrito y es la importancia que tuvo en la organización del ajedrez nacional y su impacto en el desarrollo de la actual Federación Nacional.
Todo comenzó aquel viernes 19 de noviembre de 1971 cuando tuvieron lugar las elecciones de la Federación Mexicana de Ajedrez (FMA) en las que fue electo Juan José Arreola -el gran escritor mexicano- como Presidente, Alejandro Báez, Secretario; José Joaquín Araiza, tesorero; Salvador Díaz, primer vocal, y Manuel Álvarez Dávalos, segundo vocal. Unas semanas después, habiendo quedado sin nombramiento el puesto de tercer vocal, Arreola, aconsejado por Armando Acevedo y Willy de Winter, me invitó a formar parte de la FMA en aquella posición. Esto me dio la oportunidad de participar durante 1972 en aquel que Juan José Arreola llamaría AÑO DE LA UNIDAD Y DE LA CONCORDIA DEL AJEDREZ MEXICANO, concordia y unidad que aquel año casi alcanzamos pero que se malogró, llevándonos otros años más el lograr.
El Club de Ajedrez Pomona se incorporaba de lleno así en la política del ajedrez mexicano al encontrarnos en la Mesa Directiva de la Federación dos miembros del mismo: Díaz y el que esto escribe, así como un grupo importante de consejeros de la talla de Armando Acevedo, Willy de Winter, el Ing. Alfonso Ferriz y muchos otros.
Así como el año 1963, a través de la visita a nuestro país del Campeón Mundial, Tigrán Petrosián, había permitido la reorganización de nuestro Club y fomentar nuevo interés sobre el juego ciencia, el año 1972 y la extraordinaria campaña de Bobby Fisher abonaría el suelo para el crecimiento del Ajedrez en nuestro país y en el Mundo como nunca antes se había visto. La visita a México del ex campeón mundial, Max Euwe, Presidente de la Federación Internacional (FIDE) al mismo tiempo que en Buenos Aires Fischer masacraba a Petrosián, sentaba las bases de lo que veríamos durante el Match de Reikiavik unos meses después.
Finalmente y tras semanas de discusiones y tensión sin igual, comenzó en Islandia el encuentro final por el Campeonato del Mundo entre el soviético Boris Spassky y el norteamericano, Bobby Fischer. Finalmente, Fischer obtuvo el cetro, destronando por primera vez al ajedrez soviético del primer lugar mundial. Nunca como entonces la atención del Mundo estuvo puesta sobre el ajedrez y ello trajo a cientos de miles de nuevos aficionados a nuestro juego. México no fue la excepción y en pocos meses el Pomona, por ejemplo, vio crecer la membresía de 70 a 120 socios. Con ello las finanzas del Club mejoraron considerablemente y en septiembre nos mudamos, gracias a los buenos oficios del Arq. José Cunillé Romero, Secretario del Club en aquel año, al local que albergaría al Club por muchos otros en Tacubaya.
1973 fue un año difícil para la organización del ajedrez en México. Para explicar esto tenemos que recordar la situación de la organización del deporte ciencia en nuestro país. Hasta entonces teníamos dos federaciones: la Federación Provincial de Ajedrez, con sede en el norte de nuestra nación y que contaba con la representación oficial de la FIDE y la FMA que era el organismo reconocido por la Confederación Deportiva Mexicana (CODEME). Lo anterior generaba problemas y disputas enormes y mantenía divido al ajedrez nacional. Durante 1972 y 1973 ambas organizaciones llevaron a cabo negociaciones para lograr su unificación. En ellas tuvieron un papel importante muchos socios del Pomona. Por fin se llegó a un acuerdo para establecer una Federación única que tuviera tanto la representación nacional como la internacional. Se llegó al acuerdo de que ambos organismos llevarían a cabo elecciones internas en las que la FMA presentaría al que sería Presidente de la nueva Federación y la Provincial, por su parte, al que sería Vicepresidente. Los miembros de la FMA nos reunimos en las instalaciones del Instituto Científico y Técnico, propiedad del Ing. Carlos Topete para llevar a cabo la elección del Presidente y de los miembros que nos representarían en el organismo a crear. Por mayoría, el designado para presidir a la naciente Federación fue el Ing. Salvador Díaz quien presidía también en aquel momento al Club Pomona. Entre los demás electos para cargos figuró el Mtro. Alejandro Báez y ello ocasionó el disgusto de otro de los elegidos en aquella reunión, Manuel Vega. Este último me llamó ese mismo día por teléfono sumamente enojado por lo que él consideraba un nombramiento inaceptable y que, además, rompía, según él, acuerdos previos de los que yo nunca tuve conocimiento. Dado que la Federación Provincial tenía pleito añejo con el Maestro Alejandro Báez por ser el representante de la FMA, logró en la reunión fundacional de la Federación Nacional de Ajedrez de México (FENAMAC) que tuvo lugar en San Luis Potosí, con los votos de los miembros de la primera y el suyo propio ser electo Presidente, además de Delegado Internacional de la nueva federación. Las decisiones que la FENAMAC tomaría en los siguientes meses mantuvieron y fomentaron desgraciadamente la semilla de la discordia y prepararon varios años de divisiones.
En el Campeonato Nacional por Equipos que tuvo lugar el 16 de septiembre de aquel año en la ciudad de Toluca se suscitó un pleito muy grande cuando la FENAMAC trato de impedir la participación de algún jugador disidente. Varios miembros del Pomona fueron expulsados provisionalmente de la Federación. Si mi memoria no me traiciona, ellos fueron Alfonso Ferriz, Willy de Winter, Salvador Díaz y Guillermo Marván.
En 1974 fui electo Presidente del Club Pomona y logré integrar un equipo extraordinario con mis amigos Pepe y Guille Cunillé, Carlos Gómez y Manuel Hernández. Durante ese año convertimos al Pomona en Asociación Civil y tuvimos a nuestro cargo la organización de un gran torneo en las instalaciones del Plan Sexenal para celebrar los 15 años de nuestra fundación.
En la Semana Santa de aquel año mi esposa y yo viajamos a Nueva York de vacaciones y aprovechamos para conocer las instalaciones de la Federación de Ajedrez de los Estados Unidos y a su Director Ejecutivo, Ed Edmondson con el que iniciamos además de relaciones estrechas relacionadas con intercambios ajedrecísticos, una entrañable amistad. Obtuve, además, la distribución exclusiva en nuestro país del Informador Ajedrecístico y de la Enciclopedia de Ajedrez. Gracias a ello el Pomona se volvió el club al que acudían los ajedrecistas de todo el país a conseguir estas publicaciones que eran vitales para estar al tanto de los juegos de más alto nivel del mundo. Vienen a mi memoria los comentarios del Maestro Internacional Mario Campos cuando recordaba que, antes de esto, él era probablemente de los pocos que tenía acceso a esas obras.
Al regreso de nuestro viaje a EE.UU. nos encontramos con que durante el Congreso de la FENAMAC en Guadalajara, la FENAMC había expulsado definitivamente a nuestros amigos castigados por los eventos de Toluca. En aquella asamblea Armando Acevedo se opuso a esa medida señalando que expulsar a Ferriz y a Winter dividiría con toda seguridad al ajedrez mexicano una vez más y nada podría dañar más a todos que eso. Visité al presidente de la FENAMAC en las oficinas de su negocio tratando de que echara atrás esa decisión que afectaba a muchos miembros del Pomona, Club que yo presidía. Resulto totalmente inútil mi gestión.
Como consecuencia de lo anterior tuvo lugar en las instalaciones del Pomona la fundación del Instituto Mexicano del Ajedrez formado, entre otros, por Salvador Díaz, Alfonso Ferriz, Willy de Winter, Carlos Topete y yo. Abocándonos a establecer un órgano informativo y planear encuentros importantes. Entre estos últimos destacó la organización del Campeonato Abierto en la Semana Santa de 1975 que tuvo lugar en las instalaciones del Castillo de Chapultepec y en el que participaron cerca de 600 ajedrecistas en todas las fuerzas. Esto disminuyó fuertemente la participación en el evento paralelo de la FENAMC.
Podemos asegurar que la presencia de Topete en el Instituto fue, como señaló en aquella época Enrique Basaguren, la gran diferencia del Instituto ante la FENAMAC, dada la calidad de su arbitraje y su hábil dirección de los torneos. Carlos se convirtió en el primer mexicano en lograr el título de Arbitro Internacional de la FIDE pero de esto ya escribiré en otra ocasión pues le tengo prometido a Armando Acevedo desde hace muchos años un artículo sobre Carlos Topete.
En 1976 Armando Acevedo encabezó a un grupo de ajedrecistas que buscó que tuvieran lugar elecciones en aquella Semana Santa para designar a un nuevo Presidente de la FENAMAC y con ello acabar con la división que tanto daño le hacía al ajedrez de nuestro país. Armando nos convocó a varios amigos a la CODEME para plantear la necesidad de que avalaran elecciones extraordinarias y, así, al comenzar el Campeonato Nacional patrocinado por el Municipio de León para celebrar los 600 años de su fundación, la FENAMAC tuvo en Acevedo el presidente que iniciaría la unidad nacional. El anterior presidente logró que la Asamblea, con el apoyo del antiguo Presidente de la Provincial, lo designara Delegado Internacional Vitalicio de la FENAMAC, pero en esta vida no hay nada vitalicio.
Armando Acevedo ha sido siempre enemigo de títulos y fanfarrias y considerando que su objetivo de lograr el cambio en la presidencia e iniciar una etapa de unión ya lo había logrado, declinó en su cargo de Presidente y en su lugar fue nombrado provisionalmente Jorge Aldrete, otro socio del Club Pomona. Al acercarse la asamblea extraordinaria que tendría lugar en Taxco con motivo de la celebración del Campeonato Nacional por Equipos, Jorge Aldrete se encontraba organizando la celebración de elecciones a las que acudiría la Mesa Directiva actual para ratificar los nombramientos provisionales. Estando en estas tareas se enteró de que otra planilla se presentaría a elección, planilla encabezada por Manuel Vega quién al mismo tiempo aparecía como Delegado Internacional en la suya. Al comité directivo en turno esto le pareció inaceptable y decidió presentar a un nuevo candidato al puesto siendo el que esto escribe invitado para completar la planilla para el cargo de Delgado Internacional. El 15 de septiembre de aquel año tuvieron lugar las elecciones y pasé a ocupar la representación internacional de la FENAMC. Todavía recuerdo la cara de alegría de Chava Díaz, quien participaba en uno de los equipos del Pomona en aquel campeonato, cuando supo que yo había sido elegido y ocupaba ya el puesto. Recordemos que el Ing. Díaz, nuestro compañero en el Club Pomona, debió haber sido el primer presidente de la FENAMAC.
Muchas otras historias quedan en el tintero electrónico pero por lo platicado los lectores podrán darse una idea del papel tan importante que tuvo el Club Pomona y sus miembros durante aquellos años en la historia del ajedrez en México. Los recuerdo a todos: Salvador Díaz, Willy de Winter, Alfonso Ferriz -padre e hijo-, Jorge Aldrete, Armando Acevedo, Mario Campos, Santiago Cardoso y muchos otros que trabajaron arduamente en la unificación y en la consolidación de la Federación Nacional.