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El juego de la imaginación
Tanto la mente como la conciencia son conceptos tan profundos y discutibles que no dejan de caer en ambigüedades. La mente es intangible y abstracta por lo que sólo se conoce por sus funciones que son las del pensar y reaccionar bajo ciertas acciones.
La conciencia se concibe sólo como la construcción propia de una imagen o experiencia. Y ambos términos interaccionan para la construcción de la imaginación y la memoria. En la obra "La vida que se va" (Punto de Lectura, 2003) del escritor jalisciense Vicente Leñero se puede ver cómo, mediante el juego que implica diálogo y por ende movimiento, se activa una cadena de "mundos posibles" donde la imaginación se confunde y mezcla con la realidad.
La obra cuenta las diferentes "vidas" que se pueden experimentar a partir de elegir una decisión en lugar de otra, es decir, narra lo que se habría vivido en dado caso de haber optado por esa otra decisión. En la novela, el autor maneja el tiempo mediante constantes saltos hacia el pasado y el futuro, sin embargo, la protagonista Norma o la Abuela dialoga tanto con el periodista como con su memoria y conciencia, recreando distintas realidades (posibilidades) en las que el tiempo histórico de la obra es el mismo. Con esto, su imaginación juega con los espacios y las acciones que recaen en ellas después de tomar ciertas decisiones; así como lo es el juego del ajedrez, con él, que la protagonista se distingue y a la vez enfatiza que la vida no es más que un juego, pues un mínimo y repentino arranque descarga una serie de efectos que de haber tomado otra opción, estos serían del todo distintos, sin alterarse -claro está- el ciclo evolutivo de la especie ni el único destino seguro desde que se nace que es la muerte.
El juego del ajedrez es un decir de lo que es el juego de la vida. Este juego se caracteriza por el pensamiento que va ahondando en estrategias que favorezcan la elección del camino más apropiado para ganar. Ante esto, el espacio está determinado para el movimiento del juego siendo en éste caso el contexto sociocultural en que se desarrolla la obra.
El juego, pues, busca la construcción y a la vez transformación de las vivencias, donde la alteración permanece como el repetible accidente de la sustancia hasta llegar a la transformación misma. Norma en cada uno de sus mundos posibles va cambiando de acuerdo al contexto y a las circunstancias en que se encuentra. Generalmente, sus sentimientos y su pensamiento no cambian mucho dentro de cada posibilidad ya que es difícil que cambie la esencia o personalidad y lo que un sujeto ha adquirido para el actuar de su mente y de su imaginación. Lo diferente son los sucesos que debe de abordar la protagonista junto con las consecuencias que estos conllevan. Por ejemplo, el carácter de virilidad ante la falta de la madre, Norma lo refleja en cualquier "realidad", así como el dolor incontrolable y patológico ante el suicidio de su padre Lucas. Además de que en todo lugar es una participe del destino al no dejar de actuar -por lo menos ideológicamente- bajo el juego del ajedrez.
Con la memoria, la mente puede volver a pensar en el pasado, ya que la memoria, como decía San Agustín, es la fuerza de la mente. Y con ella se crea y recrea el conocimiento. La memoria humana guarda las impresiones en imágenes, conceptos o emociones que van alimentando la conciencia y psique del sujeto. Estos elementos son llevados al extremo con la ejecución de la imaginación que es infinita y escapa de lo meramente convencional para arribar en la posibilidad que no deja de ser la recreación de la realidad. Se puede definir a la imaginación como una función psíquica y dinámica que produce imágenes en base perceptual, instintiva, afectiva o racional.
Así pues, el grado máximo de la imaginación es la fantasía; y con ella, la Abuela juega con la vida recreando posibles verdades como realidades. Los diferentes mundos que ella va construyendo implican reflexión, pues todos mantienen la coherencia y establecen significados que le van dando sentido a cada realidad. En el texto, no importa tanto cual haya sido la verdad exacta sino las construcciones de las realidades. Dentro del fluir de la conciencia de la Abuela, prevalecen dos tipos de voluntad. Una es la del poder imaginativo y ideológico que lo vemos en la misma iniciativa y permanencia del juego; y otra es la voluntad que se encuentra en su naturaleza de ser en el mundo, siendo ésta el deber más puro entre la misma relación. Ambas voluntades lanzan a la Abuela a la aventura, transformándose así en un mundo de posibilidades.
El diálogo que en la novela se vislumbra por medio de la memoria, la imaginación y la fantasía de la Abuela es donde la protagonista se complementa con las distintas realidades, las habita y las vive de manera verídica.
Cabe destacar, que en la novela se alude a personajes verídicos de la historia de México para remarcar más las circunstancias de la época y de los personajes. Vemos pues la decadencia que conlleva la era de la industrialización y la tecnología que paulatinamente está eliminando la naturaleza y la vida del campo.
También hay comentarios acerca de la Guerra Civil, del nacionalismo, de la mujer con y sin ambiciones, de la decadencia del siglo XX o del desencanto, de la utopía de Vasconcelos; es decir, de que "todos los países del mundo se funden en una sola nación hermana y universal" (Leñero, 2003:70). Además, se menciona la falta de información pública a las masas -aunque a la vez la gente tenga miedo de conocer la realidad- para así apaciguarlas, implantándoles una rebeldía sin razón, donde la juventud que rechaza los convencionalismos -como el noviazgo- no sepa ni por qué motivo. Al igual que al intentar pertenecer a algún partido político o de cualquier índole como el partido comunista, sólo lo realizan para adquirir fuerza o identidad.
Otro de los temas recurrentes no sólo de la época de la novela sino de todos los tiempos es el suicidio. Sin embargo, el suicidio de Lucas no deja de ser un reflejo de los otros, pues aunque haya sido por un impulso, la vergüenza que siente Lucas de haber perdido el juego (o la dicha de ganarlo) la puede sentir cualquier jugador de la vida del México moderno, por lo que el suicidio no parte del mero individuo, a razón de que lo externo lo presionó a matarse como un "Jaque Mate":
"Porque todo suicidio es el crimen de otro que no muere. Porque todo el que se enreda al cuello una soga o se traga de golpe un frasco de valium o presiona temblorosamente el gatillo de un armo lo hace impedido por la decisión criminal de quien pretende el aplastamiento de su víctima. No es verdad que el suicida busque por fuerza, de manera inconsciente, impregnara de culpa a su victimario; es más bien el victimario quien lo orilla hasta el filo del abismo para animarlo a saltar al vacío y luego argüir el propósito vengativo y culpalizador de quien ya no puede regresar de la muerte para explicitar la terrible desesperanza, promovida siempre por el victimario, que lo lanzó por la puerta de emergencia" (Leñero, 2003:350)
Finalmente, la identidad de la Abuela o Norma sustenta, universalmente, la recreación de la mente y la vida en infinitas posibilidades. Al moverse el individuo a partir de las emociones y del pensamiento mismo se elige un solo camino dejando al lado una infinidad de posibilidades que sólo pueden ser vividas en la imaginación, las cuales, al irse intercalando entre la reflexión y la fantasía, construyen realidades que implican un conocimiento y una verdad del mundo. Por lo tanto, la vida de las personas tiene su historia que no deja de ser nada más que un juego.
Las imágenes que ilustran el presente texto fueron tomadas de Internet.
El Occidental
Guadalajara, Jal.
http://www.oem.com.mx/eloccidental/
MIércoles 30 de Marzo de 2011
http://www.oem.com.mx/eloccidental/notas/n2022282.htm