Respuesta a las confusiones y malas interpretaciones del Dr. Capó

Voy a hacer unas precisiones sobre las ideas que el Dr. Capó menciona y que por supuesto, son una interpretación malsana de lo que siempre he afirmado. Por lo demás, no me voy a enfrascar en esas interminables discusiones que al dr. Capó le encantan. Toda su diatriba es de una mala leche, de confusión, de interpretaciones falsas y acomodadas para hacerme pasar como el perverso de una extraña película en donde en este caso yo, el protagonista de este filme que se ha inventado Capó, no quiere que los niños avancen en el juego del ajedrez. 

Dicho lo anterior van mis aclaraciones, con la intención de que no contestaré a los absurdos que el Dr. Capó insiste en asignarme cada vez que le da la gana:
 

  1. He dicho que la mayoría de los ajedrecistas se hacen solos. De hecho, eso se cumple incluso en las carreras profesionales. Los profesores no hacen el trabajo que el alumno tiene que hacer, finalmente son una guía para que el alumno trabaje. Quien no se esfuerza en su estudio no consigue terminar las asignaturas y recibirse. Espero que el Dr. entienda la analogía
  2. Ojalá que hubiese entrenadores para todos los niños, pero eso es una utopía, y en consecuencia, si existen entrenadores, deberían aplicarse a los jugadores con más talento. Esa idea no es ni por mucho mía. Botvinnik tenía a un grupo de jugadores que "entrenaba" y que había seleccionado, en donde destacaban Kasparov y Kramnik. El patriarca del ajedrez soviético no le daba clases a todos los niños. No, solamente a quienes veía con gran talento. Cabe sin embargo señalar que el entrenamiento y estudio con Botvinnik era muy sui generis para las aspiraciones de Capó y la ANPA: Botvinnik les dejaba tareas a los estudiantes después de verlos  en vivo no por más de dos semanas. Seis meses después, los alumnos llegaban y revisaban todo el material asignado. De nuevo, Botvinnik era una guía y ya, no entrenaba a los pupilos ni dos veces por semana, ni una vez al día, ni por meses.
  3. Al Dr. Capó le encanta la polémica y exagera cuanto quiere al respecto. Yo no miento al decir que muchos de los niños que fueron a esos campeonatos mundiales iban porque sus padres podían pagarles el viaje, pero que no habían hecho los méritos como para ganarse un lugar, me queda a mí muy claro. Muchos de esos niños no eran jugadores de primera fuerza, aunque hayan quedado entre los seis primeros lugares. Así, que no me salga con el cuento de que iban "avalados" hasta el sexto sitio. Aún siendo así, es absurdo, considerando desde luego el nivel del ajedrez en el mundo. Simplemente no tenían el nivel pero sí el dinero para ir.
  4. Me queda la duda de cuántos de esos niños (que ahora serán jóvenes adultos quizás), fueron a esos festivales y siguen jugando al jedrez de competencia. ¿Cuántos de ellos tienen -digamos- más de 2200 puntos de rating? Ahora bien, ¿dígame estimado Dr. cuántos de esos niños "avalados" hizo siquiera un papel decoroso? ¿Cuántos de esos niños digamos, hizo más del 50 por ciento de los puntos en esos campeonatos mundiales a los que sus padres les pagaron los respectivos viajes? Sería interesante saber esos datos. Así no estaría hablándome el Dr. Capó de fogueo, de que los niños se crecen a una mala actuación, etc.
  5. Le voy a explicar algo al Dr. Capó: cuando decidí que el GM Juan Carlos González me entrenara, fue una decisión propia, como la de que yo jugara al ajedrez. A mí mi padre no me exigió nada, ni me pagó viajes al extranjero, ni me aplaudió éxitos relativos o chiquitos. Yo me metí al ajedrez y yo me hice responsable de mi trabajo en ajedrez, cosa que mi padre apoyó, pero me dejó vivir. No se obsesionó con que jugara en el extranjero o que llegase a campeoncito de nada. Me dejó jugar y ser feliz. Si estudiaba ajedrez era cuestión mía. En alguna ocasión, al principio de mis balbuceos en ajedrez, mi papá le pagó a un jugador fuerte que decía podía ayudarme. No me convenció y no duré ni unas cuatro clases con él. Mi papá no se enojó, ni se molestó, ni nada. Me dejó que decidiera yo. Eso sí, si necesitaba información, hacía lo posible por proveérmela. Si hubiese querido clases, él hubiese buscado con quien. Él me pagó mi inclusión en la Academia/club de Basaguren, que estaba en Polanco. Siempre me apoyó, pero no estuvo encima mío jamás.  Así pues, yo le pagué a Juan Carlos González por las clases que me dio. No pretendí jamás exigirle a la Federación que me diera un entrenador, faltaba más. El Dr. Capó cree que todo aquel niño que mueva las piezas requiere de que le pongan un entrenador, sino ¿cómo va a progresar? Se olvida que primero hay que ser y luego la manera de ser.
  6. Capó tampoco sabe que estoy asesorando en el estudio a un jovencito, Carlos Sandoval, que en mi opinión tiene mucho talento. No le doy clases como seguramente él imagina y sólo lo veo un par de horas cada 15 días. Estamos armando un plan de estudio de aperturas, de medio juego, de táctica, de estrategia y finales. Pero no soy su profesor ni entrenador. Los padres de Carlos piensan que mi ayuda puede beneficiarle en su ajedrez y eso se los agradezco. Pero de nuevo, si Carlos no trabaja solo en su casa, si no hace lo que quedamos que va a hacer, no tiene siquiera sentido seguirlo viendo.  Ahí de nuevo, el ajedrecista se hace solo, estudia solo y si hay una guía a seguir, qué bueno, porque no se cometerán los pecados originales de aquel que es autodidacta, pero de ahí a que cada niño ajedrecista requiera de un entrenador, que además cree Capó, debe poner a disposición de todos, la Federación, pues se equivoca.

Por lo demás, no tengo nada que agregar. Y repito, no contestaré al catálogo de falacias, malas interpretaciones y mala leche de Capó. Entiendo que es feliz polemizando, pero le soy franco, no tengo tiempo para más absurdos de su parte.

 

Atentamente

Manuel López Michelone