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Cada vez que Shakira movía una pieza, movía también las caderas. El enemigo quedaba ofuscado, aturdido, atarantado, deslumbrado, alucinado, preocupado, perdía la visión del tablero y enseguida la partida.
Jugué o soñé jugar ajedrez con un extraterrestre. Lo encontré sentado en el sofá de la sala, pero no me impresionó quizás por estos nervios de acero que tengo producto de las tensas batallas en el ajedrez.
En casa del ajedrecista nunca pusieron un árbol de Navidad. No se acostumbraba. Colocaban, sí, un Nacimiento. ¡Pero qué Nacimiento! El Nacimiento ocupaba una habitación de cinco por seis metros de la residencia de don Bartolomé Escobar, residencia que ya conocemos con el nombre de El Rinconcito del Ajedrez.
Fue un diablillo desde chiquillo mi hermano Ramirillo. En vez de ir a la escuela, sacaba papayas, plátanos y otras frutas durante la crecida de los ríos. Regresaba rojo como un camarón y un bigote de lodo en los labios, prueba irrefutable de que se había ido de pinta. Se trepaba de “mosca” en los camiones que viajaban a las rancherías, y en el tren a los municipios cercanos al pueblo. “Vi a Ramirito en la estación”, le avisaban a mi santa madre.
Estoy quietecito en “a7”. Estoy aquí desde hace varias jugadas. No avanzo. Sencillamente no me muevo. Mi rey no sabe qué hacer. Mi adversario encara una doble amenaza: si corono, pierde; si me “come”, también pierde. Por eso jaquea una y otra vez. No hay modo de parar los jaques mientras las otras piezas no acudan a nuestra defensa. En tanto llegan los refuerzos, les cuento la siguiente historia de amor abreviada que tiene como escenario nuestro tablero de ajedrez.
“Porque éramos amigos y a ratos nos amábamos/ quizá para añadir otro interés/ a los muchos que ya nos obligaban/ decidimos jugar juegos de inteligencia/ Pusimos un tablero enfrente/ equitativo en piezas, en valores, en posibilidad de movimientos/ aprendimos las reglas, les juramos respeto y empezó la partida…”.
Del poema “Ajedrez”, de Rosario Castellanos.
Estamos de acuerdo en que El Rinconcito del Ajedrez no era el nombre apropiado para una peluquería.
Conocí a Marta en casa de mi abuela a las cinco de la tarde con siete minutos del viernes 22 de abril de 1921. Recuerdo bien la fecha porque ese día Marta cumplió cinco años.
1 Traducción del original italiano, Scacco doppio, por Sergio Gaut vel Hartman. Originalmente publicado en Axxón [en línea] : ciencia ficción en bits, nº 169, diciembre 2006. < http://axxon.com.ar/rev/169/c-169cuento16.htm >. [Consulta: 4 de julio 2010].
Confieso que fui el primer campeón mundial pirata en la historia del ajedrez
por José Manuel Campillo Ortega
Voy a contar una historia. Podríamos decir que es la historia de un amigo.
La siguiente anècdota està basada en hechos reales y yo no soy el protagonista ni testigo.
Julio Fuentes, màs conocido por El Tiburón en el ambiente ajedrecístico de mi municipio natal: Jaguey Grande, provincia de Matanzas, Cuba, está lleno de anécdotas humorísticas.